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Varroa destructor en abejas: qué es, daños y cómo detectarla

Respuesta rápida. Varroa destructor es un ácaro parásito que vive temporalmente sobre las abejas adultas y se reproduce en las celdas de cría operculadas. Al alimentarse, daña tejidos esenciales de las abejas y favorece la transmisión y la amplificación de virus, especialmente el virus de las alas deformes (DWV). Sin vigilancia y control, su población puede crecer hasta debilitar gravemente o provocar el colapso de una colonia.

El problema es que una colmena puede parecer normal mientras la infestación aumenta. Ver ácaros sobre las abejas o encontrar individuos con alas deformes suele indicar un problema ya avanzado; por eso, la presencia de Varroa debe medirse periódicamente mediante métodos de monitoreo, no solo mediante observación visual.

Varroa destructor en pocas palabras

  • Qué es: un ácaro parásito de las abejas.
  • Dónde se reproduce: en la cría operculada.
  • Qué daña: los tejidos, las reservas corporales, la inmunidad y la longevidad de las abejas.
  • Qué enfermedades agrava: especialmente las infecciones virales, como el DWV.
  • Cómo se detecta: midiendo la presencia de ácaros en una muestra de abejas adultas.
  • Por qué no basta con mirar: los signos visibles suelen aparecer cuando la infestación ya es importante.

 

Ilustración semirrealista de una abeja melífera con ácaros Varroa destructor sobre un panal

 

¿Qué es Varroa destructor?

Varroa destructor es un ácaro ectoparásito de la familia Varroidae. No es un insecto: pertenece al grupo de los arácnidos y está estrechamente adaptado a vivir a costa de las abejas. Las hembras adultas pasan parte de su vida asociadas a abejas adultas y entran en las celdas de cría poco antes de que estas sean operculadas, para reproducirse junto a la abeja en desarrollo.

Durante mucho tiempo se creyó que Varroa se alimentaba principalmente de la hemolinfa de las abejas. Las investigaciones actuales muestran una realidad más compleja: sobre las abejas adultas consume principalmente tejido del cuerpo graso, un órgano fundamental para almacenar nutrientes, regular el metabolismo, participar en la respuesta inmunitaria y sostener la longevidad. Durante su fase reproductiva, también puede aprovechar los fluidos y tejidos de la cría en desarrollo.

El daño no procede únicamente de la alimentación. Al desplazarse entre las abejas y perforar sus tejidos, el ácaro también contribuye a la transmisión de virus y modifica la dinámica de la colonia. La combinación de daño físico, pérdida de reservas y presión viral convierte a Varroa en una de las principales amenazas sanitarias para Apis mellifera.

Micrografías electrónicas de barrido de Varroa destructor en vista dorsal y lateral

Micrografías electrónicas de barrido de Varroa destructor: vista dorsal (arriba) y lateral (abajo). Ejemplares de Luxemburgo recolectados hacia 1984. Autor: Cayambe. Licencia: CC BY-SA 3.0, vía Wikimedia Commons.

De Apis cerana a Apis mellifera: el salto que cambió la apicultura

Varroa destructor no evolucionó originalmente con Apis mellifera, sino con Apis cerana, la abeja oriental. Tras una larga historia compartida, la relación entre el ácaro y su huésped original alcanzó un equilibrio relativo: Varroa puede permanecer en las colonias, pero sus posibilidades de reproducirse y causar daños graves están limitadas por la biología y las defensas de la abeja.

En Apis cerana, la reproducción del ácaro se centra principalmente en la cría de zángano. Además, las colonias cuentan con distintos mecanismos que restringen la infestación, como la detección y la eliminación de la cría afectada. Esto no significa que el ácaro sea completamente inocuo, sino que el huésped original dispone de defensas que reducen su crecimiento y dificultan que la infestación llegue al colapso de la colonia.

El escenario cambió cuando colonias de Apis mellifera comenzaron a establecerse en regiones asiáticas donde coexistían con Apis cerana. Durante la primera mitad del siglo XX, unas pocas líneas genéticas de Varroa destructor consiguieron adaptarse y reproducirse en su nuevo huésped. Entre ellas, el llamado haplotipo coreano fue el que alcanzó la mayor expansión a nivel mundial.

En Apis mellifera, el ácaro puede reproducirse tanto en la cría de obreras como en la de zánganos. Las defensas presentes en la mayoría de las poblaciones manejadas no bastan para impedir que su población aumente, especialmente cuando existe cría durante periodos prolongados. El movimiento de abejas, reinas y colonias aceleró después su dispersión hasta convertirse en una amenaza presente en prácticamente todas las grandes regiones apícolas del mundo.

Por eso, el problema actual no consiste simplemente en la presencia de un ácaro. Es el resultado de un salto de huésped que rompió un equilibrio evolutivo y permitió que el parásito, junto con los virus que transmite y amplifica, causara daños a una escala completamente distinta.

Micrografía electrónica de barrido coloreada de Varroa destructor sobre una abeja melífera adulta

Micrografía electrónica de barrido coloreada de Varroa destructor sobre una abeja melífera. Crédito: Eric Erbe y Christopher Pooley, USDA Agricultural Research Service, Electron Microscopy Unit. Imagen de dominio público, vía Wikimedia Commons.


Cómo se extendió Varroa destructor por el mundo

El salto desde Apis cerana hasta Apis mellifera no dio lugar a una única invasión mundial. Los estudios genéticos indican que distintas poblaciones de Varroa destructor consiguieron cambiar de huésped de forma independiente. Sin embargo, solo unas pocas líneas genéticas lograron expandirse ampliamente, transportadas junto con las abejas manejadas por los seres humanos.

La expansión puede resumirse en varios momentos clave:

  • Décadas de 1950 y 1960: se documentaron poblaciones capaces de reproducirse sobre Apis mellifera en Japón y en otras regiones de Asia. Los registros históricos sitúan el cambio de huésped en Japón hacia 1957 y la presencia en la abeja occidental en Hong Kong hacia 1963.
  • Década de 1970: el ácaro avanzó por Europa oriental y comenzó a establecerse en Europa occidental. En América del Sur fue detectado en Paraguay en 1971 y en Brasil en 1972, desde donde continuó extendiéndose por el continente.
  • Décadas de 1980 y 1990: se consolidó en gran parte de Europa y de América. En Estados Unidos se reconocieron poblaciones establecidas en 1987 y, en los años siguientes, el ácaro continuó apareciendo en nuevos territorios de América Latina y en otras regiones apícolas.
  • Comienzos del siglo XXI: Varroa destructor ya estaba presente en prácticamente todas las grandes regiones donde se mantiene Apis mellifera, aunque algunas islas y territorios aislados permanecieron libres durante más tiempo.
  • Junio de 2022: Australia, que hasta entonces había evitado el establecimiento del ácaro, confirmó su detección en colmenas centinela próximas al puerto de Newcastle. Tras catorce meses de respuesta de emergencia, en septiembre de 2023, las autoridades concluyeron que la erradicación ya no era viable y comenzaron la transición hacia su manejo.

Esta distribución no puede explicarse únicamente por el desplazamiento natural de las abejas. A escala local, el ácaro se desplaza entre colonias mediante deriva, pillaje, enjambrazón y contacto entre abejas. Pero su expansión entre países y continentes fue favorecida principalmente por el traslado de colonias, paquetes de abejas, reinas y otros materiales biológicos infestados.

La consecuencia fue un cambio permanente en la apicultura mundial. En la mayoría de las poblaciones manejadas de Apis mellifera, la presencia de Varroa obliga a vigilar periódicamente la infestación y a intervenir antes de que la combinación del parasitismo y la presión viral comprometa la supervivencia de la colonia.

Cómo saber cuánta Varroa hay realmente en una colonia

Ver algún ácaro sobre una abeja adulta confirma la presencia de Varroa destructor, pero no permite determinar si la infestación es baja, moderada o peligrosa. De hecho, cuando los ácaros ya se observan con facilidad sobre las abejas o aparecen individuos con alas deformes, el problema puede estar bastante avanzado. Por eso, abrir la colmena y mirar no sustituye una medición sistemática.

La forma más útil de expresar el resultado es el número de ácaros por cada 100 abejas adultas, es decir, como porcentaje de infestación. Para obtener una muestra representativa se suelen recoger aproximadamente 300 abejas adultas —alrededor de media taza— de uno a tres cuadros del área de cría, donde normalmente se encuentran abejas nodrizas y una mayor proporción de ácaros. Antes de tomar la muestra, es indispensable localizar a la reina y asegurarse de que no quede incluida en ella.

Lavado con alcohol o solución jabonosa

El lavado con alcohol o con una solución jabonosa de baja espuma es uno de los métodos más consistentes para desprender y contar los ácaros presentes en una muestra de abejas adultas. Las abejas se agitan en el líquido; los ácaros atraviesan una malla y luego se cuentan. El procedimiento sacrifica las abejas de la muestra, pero ofrece una medición más estable que la observación visual y permite comparar colonias y fechas, siempre utilizando el mismo protocolo.

Prueba con azúcar pulverizada

La prueba con azúcar pulverizada permite devolver las abejas a la colonia tras el muestreo. Sin embargo, sus resultados suelen ser más variables y pueden verse afectados por la humedad ambiental, el néctar transportado por las abejas, la textura del azúcar, el tiempo de agitación y la experiencia del que realiza la prueba. Puede ser útil cuando se ejecuta de forma rigurosa y repetible, pero no debe interpretarse como equivalente al lavado con alcohol. 

Caída natural sobre una lámina adhesiva

Una lámina adhesiva colocada bajo el piso de la colmena permite contar los ácaros que caen durante un periodo determinado. Este método es útil para observar tendencias, detectar aumentos y evaluar la caída posterior a un tratamiento. Sin embargo, mide la caída natural o inducida de ácaros, no el porcentaje de infestación en las abejas adultas. Por eso, sus resultados no deben compararse automáticamente con los obtenidos mediante un lavado.

Cómo calcular el porcentaje de infestación

El cálculo es sencillo:

Ácaros contados ÷ abejas de la muestra × 100

Por ejemplo, si en una muestra de 300 abejas se encuentran nueve ácaros:

9 ÷ 300 × 100 = 3 %

Esto equivale a tres ácaros por cada 100 abejas adultas. Mantener constantes el tamaño de la muestra, el lugar de donde se toman las abejas y el procedimiento utilizado permite comparar los resultados a lo largo del tiempo.

No basta con medir una sola vez

Una medición representa únicamente el estado de la colonia en ese momento. La población de Varroa puede aumentar con rapidez y variar considerablemente entre colmenas del mismo apiario. Por eso conviene medir en momentos definidos del ciclo productivo, antes y después de las intervenciones y con mayor frecuencia durante los periodos en los que aumentan la cría, la reinfestación o el riesgo de daño viral. Repetir la prueba después de un tratamiento es fundamental para comprobar si este realmente redujo la infestación.

Idea clave: encontrar pocas Varroas no significa necesariamente que la colonia esté fuera de peligro. Lo importante es medir siempre con un método comparable, observar la tendencia y actuar antes de que la infestación alcance niveles difíciles de controlar.

 

Qué significa el porcentaje de infestación y cuándo actuar

El porcentaje obtenido tras un lavado no constituye una frontera absoluta entre una colonia «sana» y otra «enferma». Es una estimación de los ácaros presentes sobre las abejas adultas en el momento del muestreo. Una parte de la población de Varroa puede encontrarse reproduciéndose en la cría operculada, por lo que dos colonias con el mismo resultado en abejas adultas pueden presentar cargas totales diferentes si no tienen la misma cantidad de cría.

No existe un umbral universal

El nivel a partir del cual conviene intervenir depende de la época del año, del clima, de la duración de la temporada de cría, de la presión viral, de la densidad de colmenas en el entorno, de la genética de las abejas y del historial sanitario del apiario. También importa el momento biológico de la colonia: una infestación aparentemente moderada puede resultar especialmente perjudicial cuando se están criando las abejas que deberán sostener la colonia durante el invierno o una época de escasez.

Por esa razón, los umbrales publicados deben utilizarse como referencias para tomar decisiones, no como cifras universales que puedan trasladarse sin ajustes a cualquier país, clima o sistema de manejo.

Qué indican las referencias más utilizadas

La Honey Bee Health Coalition propone mantener la infestación por debajo de 2 a 3 ácaros por cada 100 abejas adultas y señala que no existe una solución única aplicable a todas las explotaciones. El laboratorio de abejas de la Universidad de Minnesota adopta un criterio más conservador: considera deseable mantener la infestación por debajo del 1 % y recomienda intervenir cuando supera el 2 %. Por su parte, el USDA utiliza tres ácaros por cada 100 abejas como referencia general para el tratamiento. Estas diferencias muestran que el umbral depende del nivel de riesgo que se esté dispuesto a aceptar y de las condiciones locales.

En una muestra de 300 abejas, estas referencias equivalen aproximadamente a:

  • 1 %: tres ácaros.
  • 2 %: seis ácaros.
  • 3 %: nueve ácaros.

Estas equivalencias facilitan la lectura del resultado, pero no convierten el 3 % en una cifra segura hasta el momento en que se alcanza. Esperar sistemáticamente a llegar a nueve ácaros puede dejar poco margen de maniobra cuando la población del parásito está creciendo, existe una elevada presión de reinfestación o comienza la producción de abejas de larga vida.

La tendencia es más importante que una medición aislada

Una colonia que pasa del 0,5 % al 1,5 % en pocas semanas puede requerir más atención que otra que permanece estable en torno al 1 %. El valor del monitoreo se evidencia cuando se repite con el mismo método y permite medir la velocidad de crecimiento de la infestación.

Por eso, cada registro debería incluir al menos:

  • Fecha de la medición.
  • Colonia evaluada.
  • Número aproximado de abejas en la muestra.
  • Método utilizado.
  • Ácaros encontrados.
  • Porcentaje calculado.
  • Cantidad aproximada de cría.
  • Intervenciones realizadas desde la medición anterior.

Después de intervenir, hay que volver a medir

Aplicar un tratamiento o una medida biotécnica no demuestra por sí solo que la infestación haya quedado controlada. La eficacia puede variar debido a la presencia de cría operculada, la temperatura, la forma de aplicación, la resistencia del ácaro al principio activo y la reinfestación procedente de otras colonias.

La única manera de verificar el resultado es repetir el muestreo después de la intervención, respetando el tiempo necesario para que el método utilizado produzca su efecto. Si el nivel se mantiene elevado o vuelve a aumentar rápidamente, debe revisarse la estrategia en lugar de asumir que la colonia está protegida. La monitorización posterior forma parte del control; no es una comprobación opcional.

Criterio práctico: no esperes a ver abejas deformes ni a alcanzar automáticamente un porcentaje determinado. Interpreta cada medición según la época, la cantidad de cría, la tendencia observada y el riesgo sanitario del apiario.

Convierte las mediciones en mejores decisiones de manejo

Medir Varroa es solo el primer paso. El verdadero valor está en interpretar los resultados, relacionarlos con el estado de la colonia y decidir qué hacer antes de que el problema sea visible.

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Cómo daña Varroa destructor a las abejas y a la colonia

El daño causado por Varroa destructor no se limita a extraer alimento de una abeja. Es el resultado de tres procesos que actúan simultáneamente: el consumo de tejidos y fluidos del huésped, las lesiones producidas durante la alimentación y la transmisión o la amplificación de virus. Una abeja puede sobrevivir al parasitismo y, aun así, emerger con menos reservas, menor capacidad fisiológica y una vida considerablemente más corta.

El ácaro no se alimenta siempre de la misma manera

Durante décadas se afirmó que Varroa se alimentaba principalmente de la hemolinfa, el fluido circulatorio de las abejas. Sin embargo, investigaciones posteriores demostraron que, cuando se encuentra sobre abejas adultas, consume principalmente tejido del cuerpo graso. Este órgano cumple funciones esenciales relacionadas con el almacenamiento de nutrientes, el metabolismo, la respuesta inmunitaria, la desintoxicación y la supervivencia de las abejas de larga vida.

La alimentación varía a lo largo del ciclo del parásito. Evidencia experimental más reciente indica que, en la fase reproductiva dentro de las celdas operculadas, las hembras adultas y su descendencia obtienen una proporción importante de su alimento de la hemolinfa de las pupas. Por tanto, describir a Varroa únicamente como un ácaro que «chupa sangre» o, en el extremo contrario, afirmar que solo consume cuerpo graso, simplifica en exceso una relación que varía según la etapa del ácaro y de la abeja.

El daño comienza antes de que la abeja nazca

La hembra reproductora entra en una celda poco antes de que sea operculada y se alimenta de la abeja mientras completa su desarrollo. La pupa debe formar sus tejidos, acumular reservas y transformarse en adulta mientras soporta las heridas, la pérdida de nutrientes y, con frecuencia, una elevada presión viral.

Las abejas parasitadas durante su desarrollo pueden emerger con alteraciones fisiológicas y una menor supervivencia, incluso cuando, externamente, parecen normales. En experimentos controlados, la infestación durante la fase pupal ha reducido considerablemente la longevidad posterior de las obreras, aunque la magnitud exacta del efecto depende de la carga parasitaria, del estado viral y de las condiciones de cada estudio.

Esto es especialmente grave porque una obrera que vive menos tiempo no aporta a la colonia todo el trabajo que habría realizado como nodriza, procesadora de alimento, defensora o pecoreadora. El daño individual acaba convirtiéndose en una pérdida funcional para toda la colonia.

El principal peligro aparece en combinación con los virus

Varroa destructor puede adquirir virus al alimentarse de una abeja infectada y transmitirlos posteriormente a otras abejas. La inoculación directa durante la alimentación evita algunas de las barreras que un virus transmitido por otras vías encontraría y favorece infecciones con cargas mucho más elevadas.

El ejemplo más conocido es el virus de las alas deformes (DWV). La expansión mundial de Varroa modificó profundamente la epidemiología de este virus, favoreciendo la dispersión y la predominancia de determinados genotipos. Experimentalmente se ha demostrado que la transmisión mediada por el ácaro puede seleccionar variantes virales asociadas con mayores cargas, deformidades, envejecimiento prematuro y menor supervivencia.

Las alas deformes son solo la manifestación más evidente. Muchas abejas con cargas virales perjudiciales emergen con alas aparentemente normales. Pueden presentar una vida más corta, una menor capacidad de vuelo o una reducción general de su desempeño, sin mostrar una deformidad externa que el apicultor pueda reconocer.

Importante: no ver abejas con alas deformes no demuestra que la presión viral sea baja ni que la infestación esté controlada.

De abejas debilitadas a una colonia que pierde población

Una colonia puede compensar, durante cierto tiempo, la muerte prematura de algunas obreras aumentando la cría o redistribuyendo el trabajo. El problema surge cuando las abejas jóvenes no alcanzan a sustituir a las que mueren. Entonces, disminuye la población adulta, se reduce la capacidad de atender la cría y se deteriora progresivamente el funcionamiento de la colonia.

El riesgo es particularmente alto durante la producción de abejas que deben sobrevivir al invierno o a periodos prolongados de escasez. Estudios experimentales han relacionado una mayor infestación durante la formación de estas abejas con una menor longevidad individual y una menor supervivencia de las colonias. Reducir la infestación cuando esas abejas ya han sido dañadas puede ser demasiado tarde para recuperar por completo su calidad fisiológica.

Por eso algunas colonias parecen fuertes al final de la temporada productiva y se debilitan rápidamente semanas o meses después. La población que todavía se observa puede estar formada por abejas cuya esperanza de vida ya ha sido reducida por el parasitismo y las infecciones virales.

Los signos visibles suelen indicar un problema avanzado

Cuando la interacción entre ácaros y virus progresa, pueden observarse:

  • Abejas con alas deformes o con abdomen acortado.
  • Obreras recién emergidas, incapaces de desempeñar sus tareas con normalidad.
  • Cría irregular, pupas dañadas o abejas que no completan la emergencia.
  • Disminución rápida de la población adulta.
  • Colonias que conservan alimento y cría, pero tienen cada vez menos abejas para atenderlas.
  • Debilitamiento o colapso durante el otoño, el invierno o en época de escasez.

Ninguno de estos signos permite calcular por sí solo el porcentaje de infestación y algunos también pueden asociarse con otros problemas sanitarios. Su presencia debe interpretarse como una señal para evaluar de inmediato la colonia, no como un sustituto del monitoreo.

Recuadro destacado

Idea clave: Varroa no mata a la colonia únicamente por el alimento que extrae. El mayor daño aparece cuando el parasitismo reduce la calidad y la longevidad de las abejas mientras facilita infecciones virales. Cuando el deterioro se vuelve visible, una parte importante de la población puede haber sido afectada durante su desarrollo.

Cómo se reproduce Varroa y por qué puede aumentar tan rápido

El ciclo de Varroa destructor alterna entre una fase sobre las abejas adultas (forética) y otra reproductiva en la cría operculada. Mientras se encuentra sobre las abejas, la hembra adulta se alimenta, se desplaza dentro de la colonia y puede ser transportada a otras colmenas.

Para reproducirse, la hembra abandona a la abeja adulta y entra en una celda con una larva próxima a ser operculada. Una vez cerrada la celda, comienza a alimentarse de la abeja en desarrollo y deposita un primer huevo que origina un macho, seguido de huevos que pueden producir hembras. El apareamiento ocurre dentro de la celda y las hijas que alcanzan la madurez salen junto con la abeja cuando esta emerge.

No toda la descendencia completa su desarrollo, pero las hembras fecundadas que salen de la celda pueden iniciar nuevos ciclos. La cría de zángano suele ofrecer mayores oportunidades reproductivas porque permanece operculada durante más tiempo y es invadida con mayor frecuencia que la de la cría de obrera.

Mientras exista cría disponible, la acumulación de ciclos sucesivos puede elevar progresivamente la población del ácaro. A esto se suma la reinfestación: la entrada de ácaros transportados por abejas procedentes de otras colonias mediante deriva, pillaje u otros intercambios.

Por eso, una infestación puede aumentar con rapidez aunque semanas antes pareciera baja. La reproducción dentro de la colonia, la cantidad de cría disponible y la llegada de ácaros del entorno actúan de forma simultánea.

Idea clave: la población de Varroa crece por la acumulación de ciclos reproductivos y también por la entrada de ácaros desde otras colonias. Una medición baja no garantiza que el nivel vaya a permanecer estable.

Infografía del ciclo de Varroa destructor: fase sobre abejas adultas, entrada en la cría, reproducción dentro de la celda operculada y salida de las hembras adultas.Esquema simplificado del ciclo de Varroa destructor: dispersión sobre las abejas adultas, entrada en la cría, reproducción dentro de la celda operculada y salida de las hembras adultas. Ilustración elaborada para Apicultura Especializada.

Qué hacer cuando se detecta Varroa en una colonia

Detectar Varroa no significa que deba aplicarse de inmediato cualquier tratamiento disponible. La decisión debe basarse en la magnitud de la infestación, la época del año, la cantidad de cría, el estado de la colonia, la proximidad de la cosecha y las herramientas autorizadas en cada país.

1. Confirma el nivel de infestación

No tomes decisiones únicamente por la presencia de un ácaro, una abeja deformada o una lámina sanitaria. Realiza una medición comparable, preferiblemente mediante un lavado de una muestra conocida de abejas adultas.

Registra el resultado, la fecha, el método utilizado y las condiciones de la colonia. Esto permitirá verificar posteriormente si la intervención realmente produjo una reducción.

2. Interpreta el resultado dentro del contexto de la colonia

El mismo porcentaje puede representar riesgos distintos según el momento del año. Considera especialmente:

  • Cantidad de cría operculada.
  • Tendencia respecto a mediciones anteriores.
  • Presencia de signos virales.
  • Producción de abejas de larga vida.
  • Densidad de apiarios en el entorno.
  • Posibilidad de reinfestación.
  • Tiempo disponible antes de una cosecha o de un periodo crítico.

No esperes automáticamente a que la infestación alcance una cifra concreta si la tendencia indica un crecimiento rápido o si la colonia se aproxima a una etapa especialmente vulnerable.

3. Elige una estrategia compatible con las condiciones reales

El manejo integrado de Varroa combina monitoreo, prácticas de manejo, medidas biotécnicas, genética resistente y, cuando sea necesario, tratamientos autorizados. Ninguna herramienta es igualmente eficaz durante todo el año ni en todas las condiciones.

La presencia de cría operculada, la temperatura, el tamaño de la colonia, la producción de miel y las instrucciones legales del producto pueden limitar la elección. Utiliza exclusivamente productos registrados para abejas en el territorio correspondiente y respeta sus indicaciones de dosis, duración, temperatura, retirada de alzas y de seguridad.

Este artículo tiene lectores de distintos países, por lo que no sería responsable recomendar aquí un calendario universal ni un principio activo único.

4. Evita depender permanentemente de una sola herramienta

La aplicación repetida del mismo principio activo puede favorecer la selección de poblaciones de ácaros resistentes. Además, un tratamiento que funcionó anteriormente puede perder eficacia por resistencia, mala aplicación, temperatura inadecuada, presencia de cría operculada o por reinfestación.

El control integrado busca combinar herramientas compatibles y reducir la dependencia continua de una única intervención. Esto no significa alternar productos de manera improvisada, sino construir una estrategia basada en mediciones, en la biología de la colonia y en recomendaciones técnicas actualizadas.

5. Vuelve a medir después de intervenir

La aplicación de una medida no demuestra su eficacia. El monitoreo posterior es indispensable para comprobar si la infestación ha disminuido lo suficiente. Tanto la Honey Bee Health Coalition como el USDA destacan la necesidad de medir repetidamente y de comprobar los resultados del control.

Si el nivel continúa elevado, deben considerarse varias posibilidades:

  • Eficacia insuficiente.
  • Aplicación incorrecta.
  • Resistencia del ácaro.
  • Ácaros protegidos dentro de la cría operculada.
  • Reinfestación desde otras colonias.
  • Muestreo poco representativo.

Principio de manejo: medir, decidir, intervenir y volver a medir. Sin el último paso, el apicultor sabe qué aplicó, pero no sabe qué resultado obtuvo.

Errores frecuentes al manejar Varroa

Esperar a observar síntomas visibles

Las alas deformes, la pérdida rápida de población y la cría irregular pueden manifestarse cuando ya existe un daño considerable. La ausencia de síntomas no demuestra que la infestación sea baja.

Tratar sin medir previamente

Sin una medición inicial, no es posible determinar la gravedad del problema ni comprobar posteriormente cuánto disminuyó la infestación.

Medir una sola vez durante el año

La población del ácaro varía según la disponibilidad de cría, la época, el manejo y la reinfestación. Un resultado bajo representa el momento del muestreo, no una garantía para toda la temporada. El USDA recomienda monitorear con frecuencia durante los periodos de actividad de las colonias.

Suponer que aplicar un producto equivale a controlar Varroa

La eficacia depende de las condiciones de uso, de la biología de la colonia y de la sensibilidad de los ácaros. Solo una medición posterior permite comprobar el resultado.

Utilizar siempre el mismo principio activo

La exposición repetida puede favorecer la resistencia y reducir progresivamente la eficacia. El manejo integrado debe evitar la dependencia estructural de una sola herramienta.

Interpretar todos los métodos como si midieran lo mismo

Un lavado de abejas adultas, la caída natural sobre una lámina y la revisión de la cría operculada constituyen componentes distintos de la infestación. Sus valores no se intercambian automáticamente.

Pensar que eliminar toda la cría de zángano resuelve el problema

La preferencia de Varroa por la cría de zángano es un hecho biológico, pero retirar la cría de manera aislada no sustituye el monitoreo ni un programa integrado. Además, la producción de zánganos cumple funciones reproductivas y genéticas importantes para la población.


Preguntas frecuentes sobre Varroa destructor

¿Se puede ver Varroa a simple vista?

Sí. Las hembras adultas pueden observarse como ácaros ovalados de color rojizo o marrón sobre las abejas, las pupas o el fondo de la colmena. Sin embargo, observar a algunos individuos no permite determinar el nivel real de infestación.

¿Una colonia sin abejas de alas deformes está libre de peligro?

No. Muchas abejas parasitadas o infectadas pueden parecer normales por fuera. Las alas deformes son un signo importante, pero su ausencia no demuestra que la carga de ácaros o de virus sea baja.

¿Varroa vive solamente dentro de la cría?

No. Se reproduce en la cría operculada, pero las hembras adultas también pasan una fase sobre las abejas, en la que se alimentan, se desplazan y pueden ser transportadas a otras colonias.

¿El azúcar pulverizado es tan preciso como el lavado con alcohol?

No necesariamente. La prueba con azúcar puede ser útil, pero sus resultados suelen ser más sensibles a la humedad, al procedimiento y a la experiencia del operador. Para comparar resultados es fundamental utilizar siempre un protocolo consistente.

¿El 3 % es siempre el nivel a partir del cual hay que tratar?

No. El 3 % es una referencia utilizada en algunas recomendaciones, pero no constituye un límite universal. La decisión debe considerar la época, la cantidad de cría, la tendencia, la presión viral y el riesgo que enfrenta la colonia.

¿Es posible eliminar definitivamente Varroa de una colonia?

Una intervención puede reducir la población a niveles muy bajos, pero en regiones donde el ácaro está establecido puede producirse reinfestación desde otras colonias. Por eso, el objetivo práctico es mantener la infestación por debajo de niveles perjudiciales mediante vigilancia y manejo continuos.

¿La presencia de cría de zángano causa el problema de Varroa?

No. La cría de zángano no causa la infestación, aunque ofrece al ácaro buenas condiciones reproductivas y suele ser invadida preferentemente. El crecimiento de Varroa depende de múltiples factores, incluidos la cría disponible, la reproducción en obreras y zánganos, y la entrada de ácaros procedentes de otras colonias.


Varroa debe manejarse antes de que el daño sea visible

Varroa destructor es mucho más que un ácaro visible sobre una abeja. Se reproduce en la cría, daña a las abejas durante su desarrollo, reduce sus reservas y su longevidad y modifica la dinámica de los virus capaces de comprometer a toda la colonia.

El principal error es esperar a que el problema se manifieste mediante alas deformes, pérdida de población o colapso. Para entonces, muchas abejas pueden haber sido afectadas semanas antes dentro de las celdas operculadas.

La herramienta central no es un producto determinado, sino un proceso de decisión: medir periódicamente, interpretar el resultado según el contexto, intervenir con las herramientas adecuadas y verificar posteriormente su eficacia.

Una colonia que parece fuerte también necesita vigilancia. Comprender la biología del ácaro y mantener registros comparables permite actuar con anticipación, reducir tratamientos innecesarios y proteger mejor la salud y la productividad del apiario.

 

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Fuentes y lecturas recomendadas

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